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2018-03-15T20:28:27+00:00 19 febrero, 2015|2015, Las Perlas, Panamá|

Una circunnavegación también es una desconexión del mundo urbano. Por lo tanto también de los supuestos logros de la civilización. El archipiélago de las Perlas esta poco habitado, especialmente en el sur. Sin pueblos, ni tiendas. En algún momento perdemos definitivamente la red móvil. Así que estamos sin teléfono, internet, WhatsApp. Al mismo tiempo, observamos que nuestro teléfono de satélite se ha quedado sin saldo. Desconectado.

Pues bien, así nos sumergimos aun mas a la naturaleza. Decenas, cientos de hermosísimas bahías solitarias para fondear. Hace cien años las islas Baleares debían haber sido así. La selva vibra, vive el mar. Apenas uno cuelga la caña ya muerde un pez.

La elegancia de los hierbas, la novedad de las plantas parásitas, la belleza de las flores, el verde brillante del follaje, pero sobre todo, la exuberancia de la vegetación me llenan de admiración. Una mezcla altamente paradójica de sonido y silencio invade las partes sombreadas del bosque. 1839 Charles Darwin describe así la selva (en su diario del viaje en el Beagle). Y sigue: El ruido de los insectos es tan fuerte que aún se puede oír en una nave que se encuentra anclado varios cientos de yardas frente a la costa. En la soledad de la selva misma, sin embargo, parece ser un completo silencio.

La mañana siguiente también navegamos desde nuestro yate con el chinchorro a la selva, el Río Cacique arriba. Parece como si nunca hubiera estado un hombre aquí. Manglares, aves, monos, insectos. Probablemente serpientes venenosas y cocodrilos. Pero no los vemos. Mejor así.

Después de una semana en plena naturaleza llegamos a la primera aldea, llamada Ensenada. Unas pocas decenas de casas, una escuela. Muchos niños, como siempre. Al igual que en otros lugares vienen enseguida remando con sus cayucos al barco. Nos interrogan y después nos proporcionan fruta. Sí, tenían internet. Rosario nos conduce hacia el lugar. Desde el pueblo hay un camino de unos 15 minutos perdido por la tupida selva. Poco a poco sospechamos que algo va mal. Pero entonces, efectivamente: en el punto más alto de la colina ya esta sentada la mitad del pueblo. Bancos y atriles hechos a mano. Es aquí donde entra una señal débil de la red móvil. Todos charlan en voz alta. Se piden jabón y cabezas de cerdo a los queridos familiares en el norte. Se jura el amor y se enviará corazones. WattsApp y SMS silban a toda velocidad. La selva está viva.

Sólo nosotros estamos quietos. La señal de NUESTRA compañía telefónica no entra.

6 Comentarios

  1. forever 19 de febrero de 2015 en 04:19 04Thu, 19 Feb 2015 04:19:35 +000035. - Responder

    Siempre buen viento amigos ! Y gracias por las historias

  2. Xesca 19 de febrero de 2015 en 05:42 05Thu, 19 Feb 2015 05:42:11 +000011. - Responder

    Profunditat en la selva, Silenci desconnexió! Gaudiu!Vida plena, natura vibrant! Esteu presents en mi.Gràcies pel vostre relat. Una abraçada!

  3. boris 19 de febrero de 2015 en 06:45 06Thu, 19 Feb 2015 06:45:09 +000009. - Responder

    Impresionante. parece que casi no ha cambiado nada desde que estuvo por allí el gran Darwin. Saludos desde Turin.

  4. Cecilia 19 de febrero de 2015 en 09:50 09Thu, 19 Feb 2015 09:50:36 +000036. - Responder

    Que emocionante! Gracias por compartir vuestras aventuras con nosotros, significa mucho. Un gran beso a los dos. Muaaaac

  5. leon costilla 19 de febrero de 2015 en 19:49 07Thu, 19 Feb 2015 19:49:16 +000016. - Responder

    guau k maravilla k aun queden lugares casi virjenes,igualico k Menorca hoy en dia je je ,sigue sigue no pares,navegamos en sueños con vosotros, adelante TUVALU

  6. Joan Torre de Vuit 22 de febrero de 2015 en 10:48 10Sun, 22 Feb 2015 10:48:54 +000054. - Responder

    Felicidades, chicos. Que envidia me dais !. Espero que todo os vaya bien.
    Un abrazo.

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