Trasatlántico día 13 – para Nico

2018-03-19T05:52:35+00:00 18 diciembre, 2011|2011, Travesía Atlantico|

 

La estrellita brillante

Ahora estamos navegando en medio del atlántico. Desde hace unos días se puede observar la constelación “Starion”. Como es conocido esta constelación la forman cinco estrellas. En la cima el “Marqueso” avance con determinación, algo más lejano y por de bajo esta la amable y protectora “Carina”, inmediatamente al lado de ella la saltarína “Anastasia” y ya muy cerca del horizonte los dos mas peques: el “Finistrello” y el “Nicoletto”. A menudo Nicoletto esta observando las millones de estrellas en cielo. Todas brillan, chispean y relucen. Cada uno trata de superar a los demás. ¡Qué espectáculo! Solamente a Nicoletto le parecía que no esta brillando como los otros. Indudablemente era un tipo muy alegre. Sin embargo demasiado pequeño y demasiado pálido. “¡Toma!, ¿porque todos brillan tan radiantemente y solamente yo no?” Incluso su hermano Finistrello parecía brillar más intensamente. A menudo le caían lágrimas tristes. Mama “Carina” trataba de animarle: “Nicoletto, todavía eres pequeño y verás en algunos años brillaras como Anastasia, Finistrello y todos los otros amigos del parvulario de estrellas.” “Si, mama, ya lo se” – decía Nicoletto con lagrimas – “pero hasta la ultima y mas pequeña estrella en el firmamento tiene que brillar.” Y cada noche mami Carina le abrazaba hasta que se dormía soñando con los angelitos.

Pero una noche, después de que mami se fue silenciosamente, Nicoletto decidió cambiar su suerte de una vez por todas. Alguien en este cielo tan inmenso tendría que saber como se puede brillar de verdad. Con su bolsita, gorrito y pastón se fue de casa. Después de caminar un rato de repente escucho un silbido, cada vez mas cerca. “Mira” – se decía – “aquí se esta acercando el Astroipilis“. Tantas veces había oído hablar de Astroipilis, el asteroide mas sabio de todo el firmamento. „Astroipilis, Astroipilis“. „Si, mi pequeño Nicoletto. Que haces tu tan solo aquí fuera?“ „Querido Astroipilis, estoy buscando a alguien que me pueda ayudar a brillar mas fuerte.” “Pero Nicoletto, esto es muy fácil. Simplemente tienes que volar muy muy rápido y así brillaras fuerte como yo”. “Si pero” decía Nicoletto “yo aun soy muy pequeño y no puedo correr mas rápido”. “Oohh, si, tal vez tienes razón. Pues, lo siento, es lo único que se y no te puedo ayudar de otra forma. Pero, porque no preguntas a Jupiter, me sueña que el tiene alguna pintura fosforescente.”

Así Nicoletto empezó a caminar de nuevo. Después de un tiempo detrás de una esquina de repente vio al abuelo Jupiter. “Abuelo Jupi, abuelo Jupi, soy el pequeño Nicoletto de Starion. Me gustaría preguntarte algo.” “Ay, mira, el Nicoletto. Completamente solo. Hmmmm, que te pasa?” “Abuelo Jupi, Astroipilis me ha dicho que tu tal vez tienes pintura fosforescente. Soy tan pequeño y débil y tal vez me dejas un poco de esa pintura para que pueda brillar como una estrella de verdad.“ „?Pintura fosforescente? Lo gastaba cuando hace millones de años pintaba mi anillo. Todo lo que queda son unos potes con pintura seca – lo siento mucho”. No podía creérselo. Nicoletto ya habia caminado tan lejos sin ningún éxito. “Pero Nicoletto” le decía Jupiter “porque no preguntas a la estrella Fugaz, creo que pasa dentro de nada por aquí”. Y si, realmente, un poquito mas tarde ya se acercaba volando con su cola impresionante. “Estrella Fugaz, Estrella Fugaz, me podrías ayudar por favor?” “Oyoyoyoy, ¿que alboroto es este? ¿Quien esta gritando tanto por ahí?” exclamaba Fugaz. “Soy el peque Nicoletto y estoy buscando a alguien que me puede ayudar a brillar.” “Mira, Nicoletto, encantada de ayudarte. Yo lo hago con mi cola larga. Pero la cola esta fijada firmemente a mi cuerpo y no puedo sacar ni una pluma, porque estirarla me dolería muchísimo”. Por supuesto Nicoletto no quería hacer daño a Fugaz. Pero al mismo tiempo se puso aun mucho mas triste. Nadie, absolutamente nadie en el firmamento le podía ayudar. ¡Que estúpida he tenido irme solo en plena noche a esta excursión sin sentido! Tal vez lo mejor seria volver lo mas rápido posible a casa. ¿Porque que diría mami Carina si por la mañana no me encuentra en la camita? Si llego a tiempo no tendré que contar a nadie esta excursión tan accidentada.

Así iniciaba la vuelta. Pasaba por el abuelo Jupi, luego el desvió a la izquierda. Pero, eso pintaba de repente muy diferente. ¿Habría tenido que ir a la derecha? ¿Me he perdido en la oscuridad de la noche? De repente escuchaba unos gruñidos profundos acercándose mas y mas. Empezó a correr tan rápido como podía. Pero se acercaba de nuevo. No podía ser. Era eso tal vez el temido agujero negro del cual su madre siempre le advertía? ¿Qué comía pequeñas estrellas sin pensárselo dos veces? Cada vez se acercaba mas. A Nicoletto le temblaba todo su cuerpo y al mismo tiempo intentaba correr aun mas y mas rápido.

Y cuando pensaba que ya estaba atrapado de repente vio una luz flojita. ¡Siiiiiii! ¡Esta debía ser su hermanito Finistrello! Y con su ultima energía saltaba hacia dentro del Starion. ¡A salvo!

Aquí todo estaba muy tranquilo, a pesar que fuera todavía se podía escuchar el gruñido del agujero negro. Por suerte nadie se entero que había salido toda la noche. Nadie se podía burlar de su fracaso. Agotado se puso a dormir en su cama.

Un poco mas tarde entro mami Carina a despertar los dos hermanitos. “Pero Nicoletto, estas temblando! ¿Estas enfermo?” “No no mami” respondio rápido. “Pero ¿que te pasa?” insisto su mama. Se puso a llorar y empezó a contar todo. Lo del Astroipilis, el abuelo Jupi con su pintura fosforescente, la estrella Fugaz. Y lo del horrible agujero negro. Mami Carina le escuchaba con la boca abierto y con toda la compresión. ¡Que hijo mas valiente tenia! Tan pequeño y ya andando solito por la noche! También Finistrello y Anastasia se acercaron con sus caras aun dormidos. „Que valiente. Yo hubiera gritado como una loca“ decía Anastasia, „Yo no hubiera podido correr tan rápido!“ comentaba Finistrello. En ese momento también se acercaba papi Marqueso. Con paciencia escuchaba el relato de su hijo. „Querido Nicoletto“ le dijo luego, „que niño mas valiente eres. Te has convertido en una estrella de verdad. Estoy muy muy orgulloso de ti. Pero ahora ya basta. Quítate el pijama y a correr al parvulario de esterillas. Ya casi son las nueve“.

Nicoletto, contento que no le echaran la bronca y que todo el mundo le escuchara con admiración, se saco rápido su pijama. ¿Pero que era eso? Con gran sorpresa miro sus manos, su barriga, sus piernas. ¿Podría ser? O bien se equivocaba? No, no, sus ojos lo veían con claridad. ¡Ninguna duda! Su piel brillaba intensamente como jamás se hubiera imaginado…

Para Nico, mi ahijado

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