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petrified

18. December 2015, by

VERSTEINERT

Seit einer Unendlichkeit stehen sie in Reih und Glied. Steif, mit dem Rücken zum Meer. Tonnenschwer, knapp zehn Meter hoch, ihr Blick schweift über die Insel. Vor Generationen wurden sie zu Hunderten in den Steinbrüchen mühselig aus dem Fels gemeisselt. Dann immer noch unerklärbar quer durch die Insel geschleift und am Ufer in die Höhe gestemmt. Was für eine Hingebung, Demut und Idealismus für so wenig Stein.

Doch die Moáis überdauern alles. Die Kämpfe der Clans. Die ersten westlichen Besuche Roggeveens 1772 und Cooks zwei Jahre später. Die Besatzung und Ausbeutung der Spanier und Chilenen bis hin zu den ersten archäologischen Studien Heyerdahls (genau, der von Kon–Tiki). Noch immer stehen sie da, etwas abgewettert. Der eine ohne Hut, der andere ohne Augen. Gleich mystisch wie vor tausend Jahren und zweifelsfrei wird dies auch noch ewig so bleiben.

„Keine Nation wird sich um die Ehre streiten die Osterinsel entdeckt zu haben, da es kaum eine Insel in diesen Meeren gibt welche für die Seefahrt weniger Schutz und Bequemlichkeiten bietet.“ schreibt James Cook. Rapa Nui – die Osterinsel – unsere letzte Station im Polynesischen Dreiecks, besuchen wir deshalb vorsorglich anlässlich eines mehrtägigen Zwischenhalts auf unserem Rückflug nach Barcelona. Dieses kleine Stück Land, verloren in den unendlichen und leeren Weiten des südöstlichen Pazifiks schlisst uns aber gleich ins Herz. Seine polynesische Kultur erinnert uns sofort an die Marquesas – doch kombiniert mit der spanischen Kultur Chiles. Für uns fast eine perfekte Kombination.

So stehen nun auch wir andächtig vor den Moáis. Längst ist das Kulturgut zum Touristenmagnet geworden und lockt Besucher aus aller Welt auf die so einsame, abgelegene Insel. Chinesen, Amerikaner, Europäer verewigen die Bilder der Moáis mit ihren iPhones und Tabletts, laden sie augenblicklich in ihre Facebook-, Instagram und WhatsApp Profile. Zum Begriff Moái finden sich auf Google 1.010.000 Ergebnisse in 0,43 Sekunden.

Derweilen blicken die 1500 Jahre alten Moáis unbekümmert über den Rummel. Kultur – so lassen sie uns erahnen – definiert sich auch durch Dedikation, Permanenz und Langsamkeit.

 

PETRIFICADO

Desde una infinidad están parados en fila. Rígidos, de espaldas al mar. Pesan toneladas, casi diez metros de alto, sus ojos vagan por la isla. Cientos de ellos han sido tallados laboriosamente en las canteras. Aun siendo inexplicable, los arrastraron a través de la isla, erigiéndolos en las costas. Qué devoción, humildad y el idealismo para tan solo piedra.

Después los Moáis sobrevivieron las luchas de los clanes. Las primeras visitas occidentales de Roggeveen 1722 y Cook dos años mas tarde. La ocupación y explotación de los españoles y chilenos. Hasta los primeros estudios arqueológicos Heyerdahls (si aquel chico del Kon-Tiki!) en los cincuenta del siglo pasado. A pesar de todo, los Moáis aun están allí, un poco desgastado. Alguno sin un sombrero, otro sin ojos. Igual de mística como hace mil años y indudablemente para siempre.

“Ninguna nación competirán por el honor de haber descubierto la Isla de Pascua, ya que no hay ninguna isla en estos mares que ofrece menos protección y facilidades para la navegación” relata James Cook. Tomando el consejo en serio visitamos Rapa Nui interrumpiendo nuestro vuelo de regreso a Barcelona. Este pequeño pedazo de tierra perdido en las extensiones interminables y vacías del sureste del Pacífico nos abre enseguida su corazón. Su cultura polinesia inmediatamente nos recuerda a las Marquesas – pero combinado con la cultura chilena. Para nosotros, casi una combinación perfecta.

Pues, ahora también estamos con devoción delante de los Moáis. Hace tiempo este patrimonio cultural se ha convertido en una atracción turística, que atrae a visitantes de todo el mundo a esta isla tan aislada. Chinos, estadounidenses, europeos perpetúan las imágenes de los Moáis con sus iPhones y tabletas, subiéndolos instantáneamente a sus perfiles de Facebook, Instagram y WhatsApp. Por el termino “Moái” en Google se encuentra 1.010.000 resultados en 0,43 segundos.

Mientras tanto los Moáis con su 1.500 años de edad miran con indiferencia sobre el espectáculo de los turistas. Cultura – así nos los transmiten – se define asimismo por la dedicación, la permanencia y la lentitud.

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