rumpumpum

17. October 2017, by Hans

 

RUMPUMPUM

Rumpumpum. Ein harter Schlag schreckt uns aus dem Halbschlaf. Dann Stille. Zuviel Stille. Wir stürzen hinaus in der finsteren Nacht. Irgendwas muss in uns gedonnert sein. Am Bug schwingt die Boje am Tau. Zu locker. Kein Zug, trotz dem frischen Wind.

Wir leuchten mit dem Schweinwerfer das Wasser ab. Madre mía. Korallenköpfe, bis knapp unter die Wasseroberfläche. Backbords, steuerbords, überall. Wir sitzen auf einem Riff, das Tau unserer Boje gerissen. Hastig den Motor an, vor und zurück. Doch das Schiff tut kein Wank. Nur hat es sich sanft nach steuerbord geneigt.

Calma calma, versuchen wir uns zu sagen. Doch wir sind kurz vor dem hyperventilieren. Inzwischen sind vom nahen Strand auch zwei locals eingetroffen. Jack, der uns die Boje vermietet hat, mit seinem kleinen Ruderboot. Albert mit seinem offenen speedboat. Sie haben das Ankerlicht der driftenden Yacht gesehen.

Ich tauche ins Wasser. Doch schwimmen ist fast unmöglich: Korallenblöcke versperren den Weg ums Schiff. Reichen an verschiedenen Stellen bis an den Rumpf. Und das Schlimmste: Der Kiel steht in einem Loch dazwischen. Unmöglich, da wieder rauszukommen. Wenigstens ist das Ruderblatt und der Saildrive – Propeller ohne Schaden. Derweil kontrolliert Imma im Innern mögliche Wassereintritte. Im Moment zumindest: Befund negativ.

Ja und jetzt? Uns gehen Horrorszenarien durch den Kopf. Wo ist unser Pass, die Kreditkarten. Und was brauchen wir sonst noch? Schlafen wir heute mit feuchten Kleidern bei Jack in seiner Hütte am Strand? Und bis am nächsten Morgen ist bloss noch ein Stück Mast zu sehen – wie bei Jack Sparrow’s Piraten in der Karibik ? Dahinschwimmenden Utensilien in der See? Aus, Ende, Schluss?

Nein, dass darf nicht sein. Irgendwie kamen wir da rein, also geht’s auch wieder raus. Trotz der pechschwarzen, mondlosen Nacht. Im Moment haben wir auch kein Wasser im Schiff. Common Tuvalu, common. Du hast uns noch nie versagt.

It’s low tide, stellen wir fest. Ich tauche nochmals unter das Schiff. Dieses mal mit einem grossen Unterwasserscheinwerfer. Und der Harpune, wegen den Haifischen. Vielleicht kommen wir mit einem Meter Flutwasser wieder rückwärts hinaus. Bringen eine Heckanker aus. Warten so in der finsteren Nacht auf dass die Flut kommt.

Die Zeit verstreicht. Stille. Schon wieder diese verdammte Stille. Doch ist es uns zum schreien, zum weinen. Und dann endlich. Eine erste Umdrehung der Winsch. Zwei Minuten später eine zweite. Dann, viel zu viel später erst, doch endlich: „Nos movemos“ schreit Imma vom Vorschiff aus.

Zehn Minuten später schwimmen wieder auf, werfen den Motor an, Jack zirkelt uns dank seinem fotografischen Gedächtnis in der pechschwarzen Nacht an den letzten Korallenblöcken vorbei rückwärts ins tiefe Wasser. Imma lässt den Anker rasseln, kurzes Einfahren, und wir liegen wieder sicher. Noch ein letzter Tauchgang, ein letztes Anheben der Bodenbretter, inklusive Überprüfung der Kielbolzen. Trocken. Unglaublich aber war. Ausser ein paar Kratzer am Unterwasserschiff ist alles ok. Wir umarmen uns.

Die Nacht ist tief und schwarz. Wir schaukeln leicht im abnehmenden Wind. Trinken ein Bier, langsam fällt alle Spannung von uns ab. Müde, nur müde. Trotz allem, sagt Imma, Segeln ist doch eigentlich wunderschön?

Nb. Wir lagen an einer allseits bekannten, kostenpflichtigen Boje in der Viani Bay, einer der besten dive spots in Fiji (Rainbow Reef). Vor uns wurde sie schon von unzähligen Yachten genutzt, Vortags von einer dreimal so schweren Yacht. Wir tauchen solchen Bojen immer ab, um ihren Zustand zu prüfen. Doch der Betonblock am Grund, welcher das Tau der Boje fixierte und wo es gerissen ist, liegt auf etwa 25m. Zu tief für mich ohne Flasche. Also konnten wir bloss den oberen Teil überprüfen. Ankern ist immer besser, doch gerade hier wollten wir keine Korallen zerstören.

 

RUMPUMPUM

Rumpumpum. Un duro golpe nos despierta del sueño. Luego silencio. Demasiado silencio. Saltamos a la cubierta. En la noche oscura algo debe haber chocado con nosotros. En la proa la boya se balancea al lado de nuestro cabo. Demasiado suelto. Sin tensión, a pesar del viento fresco.

Iluminamos con un foco el agua alrededor nuestro. ¡Madre mía! Cabezas de coral, justo por debajo de la superficie del agua. En proa, en babor, en estribor, en todas partes. Estamos encajados en un arrecife, el cabo de nuestra boya estaba roto. Encendemos el motor, marcha atrás. Pero el barco no se mueve ni un milímetro. Solamente esta inclinado suavemente a estribor.

Calma, calma, intentemos decirnos. Pero estamos cerca de hiperventilar. Mientras tanto, dos locales han llegado desde la playa cercana. Jack, que nos alquiló la boya, con su pequeño bote de remos. Albert con su lancha abierta. Han visto la luz de anclaje del yate a la deriva.

Me sumerjo en el agua, con un foco subacuático. Casi imposible de nadar: los cabezas de coral bloquean el camino alrededor del barco. Tocando el mismo casco. Y lo peor: la quilla colocada en medio de un agujero. Imposible salir. Al menos la pala del timón y la hélice del saildrive están sin daños. Al mismo tiempo Imma controla en el interior una posible entrada del agua. Por el momento con resultado negativo.

¿Pues, y ahora que? Escenarios de horror pasan por nuestras cabezas. ¿Dónde está nuestro pasaporte, las tarjetas de crédito? ¿Y qué más necesitamos? ¿Hoy estaremos durmiendo con ropa húmeda en la choza de Jack en la playa? ¿Y mañana observaremos desde la playa un último trozo del mástil, como en Jack Sparrow’s Piratas del Caribe? ¿Utensilios flotantes en las superficie del mar? ¿Esto es el final definitivo?

No, eso no puede ser. De alguna manera hemos llegado aquí dentro, así que debe existir algún modo de salir de nuevo. A pesar de la noche negra sin luna. Y al menos por el momento no tenemos ninguna fuga de agua. ¡Venga Tuvalu, venga! Nunca nos has fallado.

Estamos en marea baja, constatamos. Me sumerjo de nuevo. Esta vez con un foco subacuático grande. Y con el arpón, por los tiburones. Tal vez con un metro de agua mas podríamos salir por la popa. Colocamos una ancla de popa. Esperando en la oscuridad a que suba la marea.

El tiempo pasa. Silencio. De nuevo, este maldito silencio. Pero queremos llorar, gritar. Y luego, por fin, un primer giro en el cabrestante del cabo de la ancla de popa. Dos minutos después, un segundo. Luego, mucho más tarde, pero finalmente si: Imma grita desde la cubierta de proa ¡nos movemos!

Diez minutos más tarde reflotamos, arrancamos el motor. Nos dirigimos, gracias a la memoria fotográfica de Jack, a un paso entre los últimos bloques de coral hacia aguas profundas. Imma deja caer el ancla, lo comprobamos con marcha atrás y estamos a salvo otra vez. Otra inmersión, un último levantamiento de las tablas del suelo en el interior del barco, comprobando también los pernos de la quilla. Seco. Increíble, pero verdad. Excepto algunos rasguños en el casco, todo está bien. Nos abrazamos.

La noche es profunda y negra. Balanceamos suavemente, con el viento decreciente. Tomando una cervecita, lentamente toda la tensión cae de nosotros. Cansados, solo cansados. A pesar de todo, Imma dice: ¿navegar no es realmente hermoso?

N.B. Estábamos en una boya bien conocida y de pago en la bahía de Viani, uno de los mejores sitios de buceo de Fiji (Rainbow Reef). Antes de nosotros la usaron ya innumerables yates, el día anterior un yate tres veces más pesado que el TUVALU. En realidad, siempre buceamos tales boyas para comprobar su estado. Pero el bloque de hormigón que la sujeta en el suelo estaba a unos 25m, y ahí se rompió. No llego hasta ahí a pulmón. Solamente podíamos comprobar la parte superior. Anclar siempre es mas seguro, pero no nos gusta destruir los corales – y aquí aun menos.

 

 

 

 

Comments

7 Comments found.

  1. Rägle says:

    ….irgendwie isch chli fertig mit Sunntigsfahrsägle⛵️?!…..die Piraten kommen ja dann später .Weiter gute Fahrt und Petriheil
    aus Davos vom Preiselbeeri suechä
    Rägle

  2. Oscar Gil says:

    Chicos, que agobio!!
    Como he sufrido leyendo vuestro infortunio!
    Siendo joven y al cargo de un pailebot de 43 metros, me pasó en Los Cristianos (Tenerife). Mismo muerto a 25 m de profundidad y una rompiente a sotavento. El motor, de más de 50 años, arrancaba mediante aire comprimido y esa noche no quería hacerlo. Nos salvamos por los pelos pero envejecí 10 años de golpe.
    Esa pesadilla me asalta cada vez que voy a fondear y solo me abandona cuando tomo alguna medida adicional.
    Cuídense mucho y mimen a Tuvalu!

  3. leon says:

    uf menos mal,buen susto muchacho,pero bien esta lo que bien acaba,un fuerte abrazo

  4. Cecilia says:

    Uf, que susto! Suerte de vuestra buena estrella. Otra batalla para contar con final feliz. Quizás ésta temporada se termina y necesitais un descanso de tantas emociones fuertes. Nos vemos pronto. Muaaac

  5. Martin Geilinger says:

    Da bin ich doch froh, festen Boden unter den Füssen zu haben!
    Wobei: an Land fallen einem dafür Bäume auf das Segelschiff – inzwischen seelig…
    Hebed eu sorg!
    Martin

  6. Román says:

    Enhorabuena! De buena os habéis salvado! Me alegro. A disfrutar! Un abrazo

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