chanclas

2018-03-16T07:58:39+00:00 10 mayo, 2014|2014, Panamá, San Blas|

Botellas de plástico pequeñas y verdes. Un zapato de marca GROC rojo. Dos chanclas, ambas del mismo pie. Bolsas de plástico. Espuma expandida de diferentes tamaños. Neveras con aislamiento, por lo tanto flotante.

Nos encontramos en el paraíso. Pero lo que se encuentra en las playas de barlovento de estas islas de ensueño es espantoso. Parece que los grandes logros de la civilización llegaron también por aquí: Coca Cola, móviles y bolsas de plástico. Pero enseguida uno se entera que los indígenas semidesnudos remando en sus ulu’s no pueden ser los causantes de tanta porquería.

Como sabéis nos encontramos en el último extremo occidental del mar caribeño. Un cul de sac. Mas hacia el oeste solo hay la línea de costa y el canal. Si Pedrito tira en la costa de Portugal algo al mar, esa cosa tal vez cruza flotando 4000 millas llegando a la playa de la Isla verde. Pues justo aquí.

Alguna tarde con otros navegantes limpiamos la playa de Isla verde. La limpieza de vente metros de playa llena dos grandes bolsas de basura. Increíble. Después quemamos toda la basura en un fuego en la playa y bebemos cervezas con navegantes de todo el mundo. Así ser basurero aun es divertido.

El problema no es solamente como recoger la basura. Sino también a donde ir con ella. No hay recogida de basura en San Blas, no hay contendores de basura selectiva, no hay incineradores de basura. Quemar “nuestra” basura en la playa seguramente tampoco es lo mas ecológico del mundo. Pero algo mas práctico no se nos ocurrió.

Mas tarde en la isla tigre observamos un intento minúsculo pero esperanzador. Dos ONG’s europeas *  lanzaron junto con la población un proyecto ecológico. Con las pequeñas botellas de plástico semienterrado en línea en la arena se encuadraron pequeños huertos “urbanos”. Las botellitas evitan así la erosión de la tierra fértil y permiten que las familias pueden tener justo enfrente de sus chozas un pequeño huerto.

El origen del problema se encuentra solamente al otro lado del océano. Pero al menos se convierte la angustia en una utilidad.

http://www.lighthouse-foundation.org & http://www.educaction.org

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